¿Puede la co-creación transformar la prevención del suicidio y ayudar a las familias a reconstruirse?

¿Puede la co-creación transformar la prevención del suicidio y ayudar a las familias a reconstruirse?

Imaginar una herramienta o una investigación sobre la prevención del suicidio colaborando directamente con quienes han vivido estas pruebas. Eso es lo que logró un equipo al asociarse con seis madres que acompañaron a sus adolescentes en crisis suicida en urgencias. Su objetivo era claro: crear un apoyo adaptado, al tiempo que ofrecían a estos padres un espacio donde su experiencia realmente importara.

La co-creación se basa en una idea simple pero poderosa: trabajar con las personas afectadas en lugar de hacerlo por ellas. Aquí, los investigadores adoptaron un enfoque centrado en la escucha, la benevolencia y el respeto. Comenzaron compartiendo sus propias historias, creando así un clima de confianza. Cada madre pudo expresar lo que había vivido, sin juicios ni prisas. Estos intercambios permitieron comprender las necesidades reales de las familias y evitar soluciones impuestas desde fuera.

Para que esta colaboración funcionara, varios elementos eran esenciales. En primer lugar, reconocer el valor de cada experiencia. Se animó a las madres a expresarse libremente, sin temor a ser malinterpretadas. Sus ideas influyeron en cada etapa, desde la creación de una guía de entrevista hasta el diseño de herramientas de ayuda para los padres. Algunas incluso participaron en entrevistas con otras familias, adquiriendo nuevas habilidades y fortaleciendo su confianza.

Otro punto clave fue el apoyo constante. Un equipo dedicado estuvo presente para escuchar, asesorar y acompañar a las participantes antes, durante y después de las reuniones. Esta atención permitió limitar los riesgos de retraumatización y transformar una experiencia dolorosa en una oportunidad de crecimiento. Las madres destacaron lo mucho que les ayudó sentirse escuchadas y respetadas para dar sentido a su camino.

La transparencia y el reconocimiento también desempeñaron un papel fundamental. Las participantes eran informadas regularmente sobre el avance del proyecto y recibían una compensación por su tiempo. Esta remuneración simbolizaba el valor de su contribución y les permitía involucrarse plenamente, sin presión financiera.

Por último, celebrar los avances y aceptar los momentos difíciles fortaleció al grupo. Los logros, por pequeños que fueran, se compartían, al igual que los desafíos. Este enfoque creó un sentido de pertenencia y demostró que su compromiso tenía un impacto concreto.

Este proyecto revela algo más profundo: participar en la co-creación puede tener un efecto terapéutico. Al transformar su experiencia en acciones útiles para otros, estas madres encontraron una manera de superar su aislamiento y recuperar cierta forma de control sobre su historia. Su participación no solo mejoró la investigación, sino también su propia resiliencia y la de sus familias.

Esta experiencia demuestra que es posible llevar a cabo proyectos ambiciosos colocando al ser humano en el centro. También muestra que acciones simples, como tomarse el tiempo para escuchar o reconocer los esfuerzos de cada uno, lo cambian todo. La co-creación no se limita a crear herramientas, sino que ofrece un espacio donde las personas pueden reconstruirse juntas.


Sources d’information

Référence originale

DOI : https://doi.org/10.1186/s40900-026-00863-y

Titre : Co-designing suicide prevention research with mothers of suicidal adolescents – applying McKercher’s Model of Care

Revue : Research Involvement and Engagement

Éditeur : Springer Science and Business Media LLC

Auteurs : Demee Rheinberger; Katherine Boydell; Susanne Oliver Armstrong; Julia Lessing; Sally Ann Pollard; Inger Jacob; Lauren McGillivray; Emma Elder; Fiona Shand

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