¿Reacciona el cerebro de manera diferente ante el sufrimiento físico y social de los demás?

¿Reacciona el cerebro de manera diferente ante el sufrimiento físico y social de los demás?

Comprender y sentir lo que los demás experimentan es una capacidad esencial que nos permite percibir tanto su dolor físico como su angustia social, como un rechazo o una humillación. Sin embargo, los mecanismos cerebrales implicados en esta forma de empatía siguen siendo en parte misteriosos. Un reciente experimento exploró el papel preciso de dos zonas del cerebro en esta capacidad: una región situada en el lado derecho del cerebro, justo encima de la oreja, y otra ubicada hacia adelante, en el centro.

Los investigadores utilizaron una técnica indolora que estimula ligeramente estas zonas mediante una corriente eléctrica débil. Observaron que la estimulación de la primera región aumentaba la sensibilidad de los participantes al dolor físico sentido por otros, pero reducía, en cambio, su percepción del sufrimiento social. Este resultado sugiere que esta parte del cerebro desempeña un papel clave en la distinción entre estos dos tipos de dolor. En cambio, la estimulación de la segunda zona no produjo ningún efecto notable, lo que lleva a pensar que interviene más bien en procesos cognitivos más complejos, como la capacidad de ponerse en el lugar de los demás o de interpretar situaciones sociales matizadas.

El sufrimiento social, que incluye experiencias como la exclusión o la vergüenza, activa redes cerebrales parcialmente distintas a las del dolor físico. No se limita a una simple reacción emocional, sino que también implica una evaluación del contexto y las relaciones. Así, cuando vemos a alguien vivir una situación socialmente dolorosa, nuestro cerebro analiza no solo su emoción, sino también el significado y las consecuencias de esa situación para la persona afectada.

El experimento también reveló que la estimulación eléctrica podía modificar la forma en que los participantes evaluaban el dolor de los demás con el tiempo. En el caso del sufrimiento social, el efecto de la estimulación era más marcado al inicio del experimento, como si el cerebro se acostumbrara progresivamente a estas imágenes. En cambio, la percepción del dolor físico permanecía estable, e incluso aumentaba ligeramente, lo que indica que esta región cerebral refuerza la atención prestada a las señales de amenaza o peligro, incluso en ausencia de una lesión real.

Estos hallazgos cuestionan la idea de que los mismos mecanismos cerebrales procesan indistintamente el dolor físico y social en los demás. Más bien, muestran que nuestro cerebro utiliza circuitos distintos para responder a estos dos tipos de sufrimiento, con regiones especializadas que modulan nuestras reacciones según el contexto. Estas diferencias podrían explicar por qué algunas personas son más sensibles a un tipo de dolor que a otro, y abren caminos para comprender mejor los trastornos relacionados con la empatía o la regulación de las emociones.

La capacidad de distinguir y reaccionar de manera adecuada ante el sufrimiento ajeno es fundamental para las interacciones humanas. Estos trabajos arrojan nueva luz sobre las bases neurales de la empatía y podrían inspirar futuros enfoques terapéuticos para las personas que tienen dificultades para percibir o gestionar las emociones de los demás.


Sources d’information

Référence originale

DOI : https://doi.org/10.3758/s13415-025-01388-9

Titre : A causal and dissociable role for the right inferior frontal gyrus in empathy for physical and social pain

Revue : Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience

Éditeur : Springer Science and Business Media LLC

Auteurs : M. De Lillo; A. Korpal; H. Ferguson; A. K. Martin

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